Empieza por comprender su uso
Antes de anunciar una prohibición, pregunta qué aplicaciones utiliza, para qué le sirven y qué le incomoda. Conversar sobre amistades, vídeos y grupos ayuda a detectar riesgos sin que el menor viva toda pregunta como un interrogatorio.
Acordad pocas normas que realmente podáis cumplir
Horarios sin pantallas en comidas o antes de acostarse, privacidad, uso en espacios comunes cuando sea adecuado y una respuesta clara ante mensajes de desconocidos. Las reglas deben adaptarse a la edad, la madurez y las circunstancias; una lista interminable suele durar poco.
El ejemplo adulto también cuenta
Pedir que el teléfono no aparezca en la mesa pierde fuerza si los mayores están contestando mensajes constantemente. Reservar momentos sin dispositivos para toda la familia convierte el límite en un hábito compartido.
Privacidad, respeto y ayuda
Hablad de imágenes personales, consentimiento, ciberacoso y presión de grupo con ejemplos comprensibles. Si algo le incomoda, debe saber que puede pedir ayuda sin ser castigado automáticamente por contarlo.
Señales que merecen atención
Cambios intensos del sueño, aislamiento, miedo a conectarse o problemas en el colegio merecen una conversación serena y, cuando corresponda, apoyo profesional. No se puede diagnosticar una adicción mirando únicamente el contador de horas.
Fuentes y comprobaciones
Revisión editorial: 18/10/2026. Comprueba las condiciones, requisitos y procedimientos vigentes en las fuentes oficiales. Esta información es general y no sustituye el asesoramiento profesional cuando corresponda.
Un acuerdo que se pueda revisar
Antes de anunciar una prohibición, pregunta para qué utiliza el móvil: hablar con amistades, estudiar, jugar, seguir contenidos o desconectar. No son actividades equivalentes. Acordad franjas sin pantallas en momentos concretos —por ejemplo, durante las comidas o antes de dormir— y decidid cómo gestionar las excepciones sin discutir cada noche.
Revisad juntos la privacidad de las cuentas, los permisos de aplicaciones, la posibilidad de bloquear contactos y qué hacer ante mensajes incómodos. El objetivo no es vigilar todas las conversaciones, sino que el menor sepa pedir ayuda sin miedo a un castigo automático.
Lo que también importa en casa
Los adultos dan ejemplo. Si pedimos que nadie utilice el teléfono durante la cena y no soltamos el nuestro, el acuerdo pierde fuerza. Es mejor empezar por dos cambios sostenibles, revisarlos al cabo de unas semanas y ajustarlos a la edad y madurez del menor.