Empieza por lo que ya usas
Si te funciona una rutina sencilla, no hay motivo para cambiarla cada vez que aparece un lanzamiento. Haz inventario: limpiador, hidratante, protección solar y lo que realmente necesites.
El ingrediente no lo es todo
Importan la fórmula completa, la concentración cuando se declara, la tolerancia de tu piel y cómo se usa. «Con vitamina C» o «con ácido hialurónico» no basta para saber si un producto te encajará.
La textura cuenta, y mucho
Hay cremas que parecen fantásticas hasta que te las pones cada mañana. Si puedes, prueba una muestra, comprueba si deja sensación pegajosa y presta atención a cómo responde tu piel.
Una pregunta antes de pagar
¿Estoy comprando algo que necesito o solo me ha enamorado el envase? Las dos respuestas son humanas. Lo útil es saber cuál es la tuya. Si tienes una enfermedad cutánea, alergias o una reacción persistente, consulta con un profesional sanitario.
